MAESTRO VIRTUAL 2020
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LA CONCIENCIA

Cuando bajaban las aguas del Orinoco, las piraguas traían a los caribes con sus hachas de guerra. Nadie podía con los hijos del jaguar.  Arrasaban las aldeas y hacían flautas con los huesos de sus víctimas. A nadie temían.  Solamente les daba pánico un fantasma que había brotado de sus propios corazones.

Él los esperaba, escondido tras los troncos.  Él les rompía los puentes y les colocaba al paso las lianas enredadas que los hacían tropezar.  Viajaba de noche; para despistarlos, pisaba al revés.  Estaba en el cerro que desprendía la roca, en el fango que se hundía bajo los pies, en la hoja de la planta venenosa y en el roce de la araña.  Él los derribaba soplando, les metía la fiebre por la oreja y les robaba la sombra. No era el dolor, pero dolía.  No era la muerte, pero mataba.  Se llamaba Kanaima y había nacido entre los vencedores para vengar a los vencidos.

Eduardo Galeano